02 octubre 2007

50 AÑOS DE LA RIADA

Este mes de octubre se cumple el cincuenta aniversario de la gran riada que asoló Valencia el 14 de octubre de 1957.


Situémonos en el sábado 12 de octubre, día del Pilar. Aquella jornada estuvo lloviendo intensamente sobre la ciudad. Muchas valencianos celebraron la festividad del día o lo pasaron disfrutando con la familia en la intimidad de sus hogares. Familias que tenían a un buen numero de sus componentes aquejados de una fuerte gripe llamada "la asiática" y que producía malestar y fiebre muy alta. Llovía tanto que la Corrida de la Prensa fue suspendida. Sin embargo, nadie podía pensar en la gran tragedia que estaba por llegar.

Al día siguiente, 13 de octubre, amaneció desapacible aunque llovió poco y sin intensidad. Era domingo y los vecinos salieron de sus casas para asistir a Misa. Por la tarde, puesto que no llovía, mucha gente fue al cine. Al Lys que tenía programado "El Último Cuplé", al Goya con "Sissi Emperatriz" o al Olimpia que ofrecía la película "Tifón sobre Nagasaki" (curioso el titulo, teniendo en cuenta lo que sucedería unas horas después).
Mientras, en el interior de la provincia llovía con fuerza, pero los vecinos de la calle Bolseria, se marcharon a dormir ajenos a la fatalidad que se avecinaba.

Pronto corrió la noticia: una gran riada se iba acercando a la ciudad. El Miguelete había anunciado la medianoche y poco después se oyeron voces informando del desastre. Los vecinos, ya despiertos, empezaban a sufrir la que fue posiblemente la noche más larga vivida en el barrio.

Tras unas horas de angustia el agua alcanzó su máximo nivel a las cuatro de la mañana y a partir de ese momento bajó. Fue el momento de comprobar los daños causados en las viviendas y comercios de la calle. Las primeras luces del día invitaron a ello. Los daños se centraban esencialmente en las plantas bajas.

Aunque lo que nadie podía imaginar es que lo peor estaba por llegar. Sobre las dos de la tarde del día 14, una gran riada, peor que la anterior, anegó el barrio.
Tras el paso de esta segunda riada el panorama era desolador.
A partir de las seis y media el agua empezó a bajar. Esa misma tarde llegaron las primeras ayudas. Eran los Bomberos de Cartagena. Fueron los primeros en entrar en la ciudad.
Tras la retirada de las aguas apareció el barro, cantidades ingentes cubrían las calles del barrio. Todo estaba por hacer y los valencianos se pusieron manos a la obra. Había que limpiar calles, comercios, casas, iglesias, asilos o conventos. La labor era enorme, pero todos unidos la llevaron a cabo.
En la mayor parte de los barrios esta labor fue impulsada por los párrocos, y en ella colaboraban los vecinos. Luego llegaría el ejercito y los americanos con su maquinaria. La Marina trajo pan y los propios vecinos se ayudaban mutuamente prestándose cobijo o alimentos.

Una gran corriente de solidaridad se extendió por toda la nación. Toda España quería ayudar y Radio Juventud de Murcia supo canalizar, como nadie, las ansias de la gente por socorrer. Puso en marcha una subasta benéfica en pro de los damnificados de Valencia. Fue tal el éxito del programa que se conectaron a la emisión incluso radios sudamericanas. Se llegó a subastar un burro de nombre Platero y el anillo del arzobispo Dº Marcelino Olaechea, que tanto hizo por las clases desfavorecidas de nuestra tierra. La Fallera Mayor de Valencia, Sagrario Fernandez de Cordova, cedio su banda de Fallera Mayor, un señor de Madrid la adquirio y luego tuvo el detalle de regalarsela.

La riada dejó casi un centenar de muertos en la provincia. La cifra exacta nunca se supo. Pero también dejó un gran aluvión de fraternidad, en que unos a otros se ayudaban sin importar quienes eran o como pensaban. Corriente solidaria que se extendió al resto del país.

También y a pesar de la generosidad mostrada, la mayor parte de la gente tuvo que empezar de cero. Muchos seguros no se pagaron, alegando que las casas o comercios estaban demasiado cerca del rio y subvenciones, compensaciones... o palabras parecidas se hicieron realidad en los bolsillos de unos pocos afortunados.

El 29 de Noviembre de 1957 se daba por concluida la batalla contra el barro. Si bien los restos de la tragedia ya no existen, aquellos días permanecen muy vivos en la memoria de cuantos los vivieron.

Artículo publicado en la Red.


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